Niebla y aire

CEM


A finales de julio del 1985, una niebla tan espesa como el puré había hecho posible que Paulino Díaz lograra el milagro que ni siquiera un Ángel había podido protagonizar siete años antes: la victoria absoluta en el Fito con un turismo por delante de las todopoderosas y habitualmente imbatibles 'barquetas'.

El triunfo del piloto ovetense con su pequeño Talbot Rallye fue uno de esos resultados imposibles que sólo las cambiantes condiciones atmosféricas permitían muy de vez en cuando en las pruebas de montaña. Porque incluso con lluvia intensa era más que difícil que un 'carrozado' venciera por delante de las Lola y Osella que dominaban las subidas españolas desde finales de los años setenta.

Un desenlace tan improbable, de hecho, como para no volver a producirse ni en lo que faltaba de esa temporada ni en las trece siguientes. En ese tiempo se disputaron ciento veintisiete pruebas del certamen nacional y en todas ellas el triunfo fue para uno de los veloces y espectaculares prototipos que, para la mayoría de los aficionados, eran el sinónimo de coche ganador y la esencia de la montaña.

La temporada del 1999 añadió tres más para elevar a ciento treinta el número de victorias consecutivas de las 'barquetas'. Una cifra que Andrés Vilariño estaba decidido a seguir aumentando al volante de la Osella PA20S con la que lideraba el campeonato en busca de añadir un segundo título de Campeón de España absoluto a su brillante palmarés.

A finales de junio, en la rápida subida murciana de La Santa, debía llegar su cuarta victoria de la temporada en el nacional. Primero se había impuesto por amplio margen en Ubrique. Luego, pese a un embrague caprichoso, había ganado al vigente campeón y al resto de competidores españoles en la cita europea de Jaizkibel. Después había dominado sin problemas en Santo Emiliano.

Resultados logrados rodando siempre muy deprisa. Rebajando sus cronos de años anteriores en más de una ocasión.

Ese probablemente era su objetivo para la prueba de Totana. Por eso, aunque nadie iba a poder inquietarle en la lucha por el triunfo absoluto, ya ascendía a buen ritmo en los entrenamientos del sábado.

Las perfiladas formas de su 'barqueta' se abrían paso a toda velocidad en el cálido aire del verano mediterráneo. Estaban diseñadas para utilizarlo como aliado gracias a la magia de la aerodinámica. Pero entonces, en plena aceleración, al filo de los doscientos kilómetros por hora, ese mismo aire se convertía en enemigo al fallar una de las piezas que debían canalizar su poder en busca de la máxima adherencia. De repente, la Osella despegaba del suelo fuera de control y acababa aterrizando en el puente del 'cura chico', punto final para el vertiginoso arranque del trazado que lleva a la ermita de Santa Eulalia.

El susto era enorme pero, por fortuna, se quedaba sólo en eso. Aunque los daños en la 'barqueta' eran más que notables el piloto salía todo lo bien parado que se puede salir de un lance así, con algunas lesiones, ninguna irreparable.

Mientras la ambulancia lo trasladaba al hospital, la competición seguía adelante con una fisonomía totalmente diferente. Sin más 'barquetas' en liza la victoria se la iban a jugar los pilotos de los vehículos 'carrozados'.

Casi catorce años después de que la niebla propiciara el triunfo de Paulino Díaz con el Talbot en el Fito, el aire había abierto la puerta para que Xavi Riera impusiera su BMW 320ST en la clasificación absoluta de la subida a La Santa.

Era el anuncio de un cambio de era.

Aunque un polémico incidente en el Desierto de Las Palmas le privaría de hacer pleno de triunfos en lo que restaba de campaña, ese año Vilariño ganaría tres veces más con la Osella para adjudicarse el título. Pero los tiempos estaban cambiando. En el año 2000 las 'barquetas' no iban a poder participar en el Campeonato de España.

Si entre el triunfo del Talbot de Paulino y la siguiente victoria absoluta de un 'carrozado', el BMW de Riera, habían pasado casi catorce años, sería necesario esperar cerca de quince, para que, con un nuevo cambio de normas en el 2014, las 'barquetas' volvieran a imponer su ley en las subidas del nacional de montaña.

fotos: Alberto Jiménez

Este relato pertenece a la sección 'Momentos' del capítulo de la temporada del 1999 en el libro '50 años de carreras en cuesta', dedicado al Campeonato de España de Montaña, primera obra de la colección “Historia del Deporte del Automóvil en España”, con la que la RFEDA pretende aglutinar la historia de las diferentes especialidades del automovilismo deportivo en nuestro país a través de una serie de publicaciones sobre los diferentes certámenes. Más información